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Es importante tener en cuenta a la hora de abrir el arco y estirar la cuerda hasta su anclaje, sea cual sea el tipo de arco que utilicemos, que necesitamos hacerlo de manera uniforme y decisiva.
No debemos nunca confundir el abrir un arco con decisión, con abrirlo precipitadamente. Esto se vuelve imperativo en los arcos de mayor libraje, momentos en que nuestros músculos se tensionan aún más.
Dos son las formas más utilizadas para abrir el arco: La primera, la más convencional, levantando y estirando el brazo de arco, y jalando la cuerda con el otro, hasta el lugar de anclaje. Y la segunda, quizás la más utilizada por los arqueros clásicos, que consiste en realizar los dos movimientos al unísono, esto es: levantar el brazo que sujeta el arco hacia su posición final, estirando –al mismo tiempo- con el otro la cuerda en dirección a su anclaje. Este último, cuenta con la ventaja de que el tirador que realiza el disparo “instintivo”(cacería, regularmente con arcos compuestos), adopta inmediatamente la posición de anclaje soltando, rápidamente, sin necesidad de aguantar la potencia del arco durante mucho tiempo en tensión. En ocasiones he escuchado y he visto cómo muchos arqueros trasladan la culpa de un mal vuelo de su flecha al arco, o a la flecha utilizada, cuando en realidad la suelta, casi siempre defectuosa, ha incidido en ello. Debemos procurar, entonces, que nuestros dedos no presionen el nock de la flecha, lo que haría que ésta se saliera del reposaflechas. Del mismo modo, si la separación entre los dedos es poca, la "V" que se forma en la cuerda al tensarla, prácticamente obligará a éstos a pinzar el culatín con lo que conseguiríamos el mismo resultado anterior. A la hora del disparo, la mano de cuerda forma una especie de “gancho” con los tres dedos que la sujetan, por lo que debemos tener presente no cerrarlos en demasía, ya que nos los dejaría excesivamente agarrotados, impidiendo que realicemos también, una suelta limpia. La cuerda, por lo tanto, deberá ser sujetada con la yema de los dedos hasta la primera falange. Una vez llevada la mano a su posición de anclaje y, seguros de que el momento de la suelta ha llegado (factor sorpresa), realizaremos cualquiera de estos dos movimientos: A) Podremos abrir los dedos de la mano con suavidad, dejando deslizar la cuerda por sus yemas sin producir otro movimiento que no sea el de estirarlos. Esta acción no alejará la mano de la barbilla del arquero lo que influye en el vuelo de la flecha. B) Podremos tirar el codo hacia atrás, deslizando la mano por la cara, al tiempo que estiramos los dedos. Esta última es la más utilizada por los arqueros experimentados por ser más efectiva que la anterior, pero al mismo tiempo reconocen que es mucho más difícil de realizar, hasta dominar el movimiento, mecánicamente. Por último, y no menos importante, debemos tener presente que todas estas recomendaciones no deben ser motivo de distracción al instante de abrir el arco, o de soltar la flecha o a la hora del disparo. Todo deberá “fluir” en forma armónica, sin tensiones. Ante la inquietud sobre la necesidad del uso de guantes o dactileras, éstos se vuelven necesarios, sobre todo, en arcos de cierta potencia (20 lb o más). Las dactileras nos ayudarán a que la cuerda resbale con cierta suavidad por nuestros dedos, contribuyendo al mejoramiento la suelta. Roberto Neumane |